El generador norte era una ruina humeante cuando llegamos.
Henrik estaba de pie entre los escombros, el hollín manchando su rostro, las manos quemadas y cubiertas de ampollas que ya comenzaban a sanar. Dos cuerpos yacían a sus pies. Licántropos jóvenes. Guardias del turno de noche.
Muertos.
—No pude hacer nada. —La voz de Henrik era ronca, raspada por el humo—. Cuando llegué, ya estaban así. La bomba explotó segundos después.
Dante se arrodilló junto a los cadáveres. Su mandíbula se apretó hast