El funeral se celebró tres días después, bajo un cielo gris que parecía llorar por quienes no podían hacerlo.Isadora observaba la escena desde la última fila de la capilla, medio oculta tras una columna de mármol. No tenía derecho a estar ahí, no realmente. Regina Castellanos había sido su enemiga, la arquitecta de su desgracia, la mujer que había participado en el asesinato de su padre. Y sin embargo, también había sido quien salvó a su madre, quien guardó sus secretos durante veinte años, quien con su último aliento le entregó las armas para destruir a Andrés.La vida rara vez ofrecía villanos puros o héroes inmaculados. Regina había sido ambas cosas, y Isadora todavía no sabía cómo procesar esa contradicción.Dante estaba en la primera fila, flanqueado por abogados y ejecutivos que murmuraban condolencias vacías. Su traje negro absorbía la poca luz que entraba por los vitrales, y su rostro parecía tallado en piedra. No había llorado durante la ceremonia. No había hablado con nadie
Leer más