El funeral se celebró tres días después, bajo un cielo gris que parecía llorar por quienes no podían hacerlo.
Isadora observaba la escena desde la última fila de la capilla, medio oculta tras una columna de mármol. No tenía derecho a estar ahí, no realmente. Regina Castellanos había sido su enemiga, la arquitecta de su desgracia, la mujer que había participado en el asesinato de su padre. Y sin embargo, también había sido quien salvó a su madre, quien guardó sus secretos durante veinte años, qu