La Clínica Santa Teresa ocupaba una colina privada en las afueras de la ciudad, rodeada de jardines que pretendían ocultar la naturaleza del lugar. No era un hospital común. Era donde los poderosos venían a morir lejos de las cámaras y los escándalos que habían manchado sus vidas.
Isadora contempló el edificio de piedra blanca desde el asiento del pasajero mientras Dante estacionaba el coche. Sus manos descansaban sobre su regazo con una calma que no sentía, los dedos entrelazados tan fuerte qu