CAPÍTULO 68: El regreso de Ignacio
El cementerio municipal olía a tierra húmeda y a flores marchitas.
Isadora avanzaba entre las lápidas con una linterna en la mano, el haz de luz recortando sombras fantasmales sobre el mármol antiguo. Marcos caminaba a su lado, tenso como un resorte a punto de saltar, mientras dos de sus hombres de confianza vigilaban el perímetro con la disciplina silenciosa de quienes han aprendido que la noche esconde más peligros que fantasmas.
—Es aquí —susurró Isadora, d