La primera victoria sabe a fuego
La sala de juntas de Castellanos Holdings tenía capacidad para treinta personas, pero a las nueve de la mañana solo había catorce: los doce miembros del consejo de administración, Ignacio Castellanos sudando en la cabecera de la mesa, y Dante de pie junto a la ventana con los brazos cruzados y una expresión que su padre no podía descifrar.

Isadora esperó en el pasillo hasta las nueve y cinco, el tiempo suficiente para que todos hubieran leído los documentos que Sebastián había enviado a las ocho
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