El primer sábado de diciembre llegó con el frío específico de la Ciudad de México en diciembre: no el frío que paraliza sino el que obliga a moverse un poco más rápido y que hace que los abrigos sean necesarios y que la luz de las once de la mañana tenga un ángulo distinto al de los otros meses, más baja, más oblicua, como si el sol también supiera que era un día diferente.El Centro Isabella Reyes tenía banderines.No los banderines de las celebraciones corporativas: los que hacen los niños con papel de colores y hilo y una paciencia que los adultos raramente tienen para este tipo de trabajo meticuloso. Amarillos, rojos, verdes. Colgando de la fachada con la irregularidad perfecta de algo hecho a mano por alguien que sabe exactamente lo que está haciendo aunque nadie le haya enseñado el procedimiento oficial.Valentina llegó diez minutos antes.Con Sebastián, con las tres niñas, con Emma que había llegado desde Vancouver específicamente para este día y que llevaba el abrigo azul mari
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