Emma llegó el sábado siguiente con la mochila y el libro de Rebeca Salinas adentro.Valentina lo vio cuando Emma lo puso sobre la mesa del comedor. No lo dijo. No hizo el gesto de reconocimiento que hubiera comunicado algo antes de que Emma estuviera lista para que se comunicara.Solo lo vio.Y esperó.Las niñas consumieron la mañana.Isabella tenía una teoría nueva sobre la ubicación correcta de los bloques de construcción que requería la presencia y el asentimiento de adultos específicos para ser validada, y Emma era uno de los adultos válidos en el sistema de Isabella, así que la mañana tuvo esa textura: la teoría de Isabella, Emma respondiendo con la paciencia de siempre, Esperanza observando con la atención de quien estudia un método que podría aplicar en algún momento futuro.Sebastián hizo el almuerzo.Ya cocinaba bien. Lo había empezado como un proyecto de los sábados, con el argumento de que alguien en la casa debía poder cocinar sin que fuera siempre emergencia, y lo había c
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