Cuarenta y siete niños que esperaban a que alguien los eligiera.Y alguien había decidido usarlos como herramienta.El número no era abstracto para Valentina. Lo sabía porque Mateo le había contado el panorama con la precisión de quien lleva el peso de esas historias como una responsabilidad y no como una estadística.Andrés, siete años, que llegó con miedo de los espacios cerrados y que ahora dormía con la puerta entreabierta y eso era suficiente progreso para esta semana. Lucía, cuatro años, que no hablaba cuando llegó y que ahora nombraba las cosas del desayuno una por una antes de comerlas, como si nombrarlas las hiciera más reales y más suyas. Los gemelos de dos años que todavía no sabían que existía un mundo fuera del centro porque era el único mundo que habían conocido.Cuarenta y siete.Con historias distintas y el mismo denominador: esperando.Una inspección de emergencia no cerraba el centro automáticamente.Pero podía.Si los inspectores encontraban irregularidades, por men
Ler mais