Raquel¿Sigo imaginándolo?El vapor empañaba el vidrio, deformando los reflejos, pero aun así lo vi con claridad. Javier estaba al otro lado del panel, tan real que me dolió el pecho. Sin camisa, la piel marcada por tinta oscura y cicatrices antiguas, como si su cuerpo contara historias que nunca diría en voz alta. Me observaba sin pudor, con esa calma peligrosa que siempre me hacía sentir pequeña… y deseada al mismo tiempo.Debería haber sentido miedo. Mi corazón latía con fuerza, un golpe tras otro, desbocado. Pero en lugar de huir, me quedé quieta. Como si una parte de mí hubiera sabido que aparecería. Como si lo hubiera llamado sin darme cuenta.—No tocaste —murmuré, más por costumbre que por reproche.Javier sonrió apenas, una curvatura lenta y oscura.Entró en la ducha usando solo unos calzoncillos negros. El agua resbaló por su piel y mi mirada cayó donde no debía antes de que la obligara a volver a su rostro. Me sentí expuesta, incluso bajo el agua caliente, como si él pudiera
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