Javier
—¿Está bien, verdad? —Fernanda rebotaba de un pie al otro frente a mi escritorio, levantando las cejas con impaciencia—. ¿No está bien?
La fulminé con la mirada. —Cállate y déjame leer. Luego te diré qué pienso.
Pero tenía razón. La entrevista que Raquel y yo habíamos hecho dos días atrás estaba bien. Genial, en realidad.
Lo que planteaba la pregunta: ¿cómo diablos esa entrevista desastrosa se había convertido en esto?
—¡Ustedes dos se escuchan tan enamorados! —Fernanda arrebató el perió