RaquelTenía la cabeza atrapada en cemento. Los ojos sellados. La boca llena de algodón.No estaba despierta, pero tampoco soñaba. Flotaba en una especie de terreno intermedio, lento y espeso, prisionera dentro de mi propio cuerpo.Entonces sentí una mano rodeando la mía.Javier.Su nombre emergió entre las aguas turbias de mi mente antes de que me diera cuenta de que aquella mano era suave, pequeña. Nada que ver con las manos grandes, ásperas por el trabajo, que yo conocía.No era Javier.—¿Raquel? —dijo una voz suave.Fernanda.Luché contra el peso de mis párpados.—Estás bien —me tranquilizó—. Estás bien. Tómate tu tiempo.Me dejé caer hacia atrás y fui despertando poco a poco, como si alguien fuera encendiendo luces una por una. Moví los pies, las manos. Me concentré en respirar, inhalando y exhalando hondo para calmar el aleteo nervioso de mi corazón.Por fin, conseguí abrir los ojos.Silbé como un vampiro cuando un rayo de luz me atravesó directamente las pupilas. —¡Joder!Fe
Leer más