Raquel
Uno pensaría que vivir en la habitación contigua con él nos haría cruzarnos varias veces al día, pero no. Desde la noche de nuestra “no-cita”, había desaparecido.
Me despertaba temprano y él ya se había ido.
Esperaba hasta tarde y él se quedaba aún más tiempo fuera.
Por todo lo que sabía, podría ser un murciélago durmiendo boca abajo en algún árbol. Porque ciertamente no dormía lo suficiente en la habitación junto a la mía.
Pensar en dónde exactamente podría estar durm