RaquelNo estaba segura de qué esperaba mientras me llevaba el teléfono a la oreja. Consuelo, tal vez. Normalidad. Alguna señal de que el mundo más allá de esta finca seguía girando. Porque en ese momento, mi universo se había detenido.—Soy tu jefe, juez, jurado y verdugo. Soy el sol alrededor del cual gira tu mundo. ¿Lo entiendes?No había forma de confundirlo: era una amenaza. Y, aun así, una amenaza no debería haberme hecho temblar los muslos. No debería haberme obligado a juntar las piernas y a luchar contra los recuerdos de cuando ese poder se movía dentro de mí, embistiéndome.Apreté el teléfono con más fuerza con cada tono.—Por favor, contesta —suplicé—. Por favor, contesta.Estaba desesperada por cualquier conexión con la sociedad fuera de este desastre. Tan desesperada que mis estándares habían tocado fondo… y seguían cayendo.Tras demasiados tonos, entró el buzón de voz.—Habla Shondra, asistente del señor López. Se encuentra fuera de la oficina esta semana, pero estaré r
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