Dante se marchó a la oficina con la mandíbula apretada, dejando tras de sí una casa que, aunque más vacía de fantasmas, se sentía cargada de nuevas amenazas. No podía quedarme de brazos cruzados. Si Elias estaba usando mi nombre para hundir a Dante, necesitaba saber por qué.Aproveché que Dante estaba sumergido en reuniones de emergencia y llamé a Elias. Quedamos en un pequeño café escondido en el barrio de Balat, lejos de las miradas de la alta sociedad.Elias llegó con su sonrisa habitual, pero esta vez, algo en su mirada me puso en alerta. Ya no veía al amigo de la infancia, sino a un jugador calculador.—Sabía que vendrías, Aisha —dijo, intentando tomar mi mano. Esta vez, la retiré antes de que me tocara.—¿Qué estás haciendo, Elias? Dante dice que estás intentando sabotear el proyecto del Bósforo. Dice que manejas información interna.Elias se echó hacia atrás en la silla, soltando una risa suave que me heló la sangre.—Dante Vancroft cree que el mundo le pertenece. Pero se olvid
Leer más