Caleb no era el único que acechaba en los pasillos del hospital. Noelia observaba desde las sombras de la suite VIP, consumida por una rabia que no podía controlar. Para ella, la aparición de Elena no era solo una molestia profesional; era una amenaza existencial. Si esos trillizos eran reconocidos por el consejo de la manada, su posición como futura Luna y sus propios planes de poder se desintegrarían.
La lógica de Noelia era simple: si el problema tiene raíces, hay que arrancarlas antes de qu