La mañana en la mansión Blackwood comenzó con un silencio sepulcral, interrumpido solo por el tintineo de los instrumentos médicos en la suite de invitados. El Dr. Sterling, el médico personal de Maximilian, terminó de extraer las muestras de los tres niños ante la mirada vigilante de Elena y la sombra imponente de Maximilian, que observaba desde el umbral de la puerta.—Los resultados de compatibilidad para Dante estarán listos en seis horas, Maximilian —informó el doctor, recogiendo sus cosas—. Pero, a juzgar por la morfología y los marcadores rápidos... las probabilidades son del noventa y nueve por ciento.Maximilian asintió mecánicamente. El "noventa y nueve por ciento" era una sentencia. No había salida. Esos niños eran suyos.—Elena, acompáñame al comedor —ordenó Maximilian—. Los niños desayunarán aquí con el servicio.Elena no quería dejar a Dante, pero la mirada de Leo, que parecía decirle "yo me encargo, mamá", la convenció. Caminó tras Maximilian por los pasillos interminab
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