La lluvia caía como agujas de cristal sobre los muelles del Puerto Oeste, el mismo "vertedero" que Aura había comprado días atrás. El lugar estaba desierto, sumido en una oscuridad que solo se rompía por el parpadeo de una farola vieja.
Ivana temblaba, pero no solo de frío. Sus ropas de marca estaban empapadas y su maquillaje perfecto se había corrido, dándole el aspecto de un espectro derrotado. Frente a ella, Aura caminaba con la calma de quien no tiene prisa por ver a su presa morir.
—Lo tie