El beso en el despacho no había sido una tregua, sino el inicio de una guerra más profunda. Maximilian se apartó de Elena, recuperando su máscara de frialdad, aunque sus labios aún ardían. El descubrimiento de su apellido, Valeri, era una mancha que su linaje no podía perdonar fácilmente, pero la vida de Dante pendía de un hilo que solo él podía sostener.
—Marcos —llamó Maximilian por el intercomunicador, sin apartar la mirada de Elena—. Instala un sistema de vigilancia en la suite de invitados