La noticia de la boda inminente de Maximilian Blackwood cayó sobre la alta sociedad como una bomba atómica. Los titulares de prensa no daban crédito: el soltero más codiciado y cínico del país, el hombre de la vasectomía inquebrantable, no solo tenía tres herederos directos, sino que se casaría con la misteriosa mujer que los trajo al mundo.Sin embargo, detrás de las puertas cerradas de la mansión, el ambiente no era de pétalos de rosa.—No voy a usar este vestido —dijo Elena, observando el traje de encaje francés y seda que costaba más que una casa de lujo—. No soy un trofeo que puedas decorar a tu gusto, Maximilian.Maximilian, que ya lucía un esmoquin negro impecable a pesar de que sus puntos de sutura aún le daban tirones, se acercó a ella. Su presencia llenaba la habitación, eclipsando a los tres estilistas que temblaban en un rincón.—No eres un trofeo, Elena. Eres mi esposa ante la ley y ante mis enemigos —dijo él, rodeando su cintura con posesividad—. Hoy, los Valeri que aún
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