Capítulo 139. Votos de luz.
Jardín de la Residencia Ávalos. Tres días después. El sol de la tarde caía sobre el jardín de Polanco, bañándolo todo en una luz ámbar, esa hora mágica antes del anochecer que los fotógrafos adoran. No había carpas gigantes, ni orquestas sinfónicas, ni quinientos invitados fingiendo alegría. Bruno había cumplido su palabra. En el centro del césped recién cortado, bajo la sombra del viejo jacaranda, se había montado un altar sencillo: un arco de madera desnuda envuelto en guirnaldas de rosas blancas y eucalipto, cuyo aroma fresco se mezclaba con el del atardecer.Había pocas sillas. Solo las necesarias para "La Manada". La madre, el hermano, la cuñada y las dos sobrinas de Victoria. Camila estaba de pie junto al altar, fungiendo como testigo de honor. Llevaba un vestido azul marino elegante, pero sobrio, y el cabello recogido. Se veía mayor, con una serenidad nueva en la mirada. Ya no era la chica que se peleaba con todo por su padre, ni la que le huía a todo lo relacionado con la e
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