Capítulo 6. El culpable.
Bruno se pasó una mano grande por el cabello, despeinándose ligeramente, un gesto de vulnerabilidad que rara vez mostraba. Soltó una risa corta, seca, sin humor, casi un espasmo nervioso.—¿Dos? —Miró a Victoria, buscando una explicación lógica, como si ella tuviera el manual de instrucciones de este desastre.Victoria sostuvo su mirada con calma, sin sorpresa.—¿Tú sabías esto?—Me lo dijo hoy —respondió Victoria con voz suave—. Aunque siempre lo sospeché. Desde que se mareó y la vi con náuseas. Pero Bruno, no te alteres, por favor, déjala hablar.Bruno volvió a mirar a su hija. La tensión en sus hombros empezó a bajar, pero no por relajación, sino por el peso de la realidad asentándose. Caminó hacia ella despacio.Camila tuvo el impulso de retroceder, pero se obligó a mantener los pies clavados en la alfombra persa. Para su sorpresa, Bruno no gritó. No todavía. Se detuvo frente a ella y, con una delicadeza que contrastaba con su tamaño y su fama, puso sus manos sobre los hombros de
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