Capítulo 139. Votos de luz.
Jardín de la Residencia Ávalos. Tres días después.
El sol de la tarde caía sobre el jardín de Polanco, bañándolo todo en una luz ámbar, esa hora mágica antes del anochecer que los fotógrafos adoran. No había carpas gigantes, ni orquestas sinfónicas, ni quinientos invitados fingiendo alegría.
Bruno había cumplido su palabra. En el centro del césped recién cortado, bajo la sombra del viejo jacaranda, se había montado un altar sencillo: un arco de madera desnuda envuelto en guirnaldas de rosas b