Dos noches después…La luna resplandecía de una forma tan clara, que parecía celebrar la paz recuperada. Ethan había alquilado la terraza privada de uno de los hoteles más exclusivos frente a Central Park. El lugar estaba decorado con cientos de orquídeas blancas y luces tenues que daban una sensación de calidez absoluta. Margaret llegó del brazo de Ethan, pensando que sería una cena familiar de celebración, pero al ver a sus padres, a Duncan, a Marcia con el pequeño Willy, y a sus amigos incondicionales, Alan, Ernesto y Marcus, su corazón empezó a latir con fuerza.Todos estaban elegantes, con sonrisas que desbordaban una alegría genuina. Tras un brindis cargado de risas, Ethan tomó suavemente la mano de Margaret y la guio al centro del lugar. El ruido de la ciudad se sentía lejano, como un murmullo que no podía tocar la burbuja de amor que habían construido.—Margaret —comenzó Ethan, y su voz, aunque firme, tenía ese temblor de quien está abriendo el alma—. Estos meses me enseñaron q
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