El reloj de la pared, rodeado de luces de neón rosa que parpadeaban con un zumbido eléctrico, marcaba las cuatro de la tarde. A esa hora, el "Club Party And Dancing Night Hot" olía a desinfectante industrial y a tabaco rancio, una mezcla que revolvía el estómago de Carol. Estaba sentada en un sofá de terciopelo rojo que se sentía pegajoso contra su piel.Sus manos no dejaban de temblar. Las apretaba contra sus muslos, intentando que sus nudillos blancos recuperaran algo de color, pero el espasmo era incontrolable. Estaba allí por voluntad propia, nadie la había arrastrado, y aun así sentía que el aire se le quedaba atascado en un nudo ciego en la garganta.—Aún puedes dar media vuelta, Carol —susurró Rosaura, inclinándose hacia ella—. Mírame. Si cruzas esa puerta de allá al fondo, no habrá marcha atrás. Si quieres irte, hazlo ahora. No te voy a juzgar.Carol levantó la vista. Sus ojos, antes llenos de sueños universitarios, ahora parecían dos pozos de determinación amarga.—No me voy a
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