A la noche siguiente, Margaret se despertó con una determinación renovada. No iba a permitir que el miedo o la distancia se instalaran en su hogar. Después de desayunar en un silencio cortés con Ethan, esperó a que él se marchara a la oficina para poner su plan en marcha. Llamó a Marcia, quien aceptó encantada llevarse a Willy y a la pequeña Priscila a pasar el día al parque y luego a su casa.
—Necesitas este tiempo, amiga —le dijo Marcia con una nota de complicidad—. Disfruta de tu marido.
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