SARA Salgo de la casa con el bolso colgado del hombro y una sensación incómoda instalada en el pecho, como una astilla que no logro sacar. El aire de la mañana está limpio, casi agradable, y me irrita que el mundo siga funcionando con normalidad cuando algo dentro de mí empezó a torcerse. Cierro la puerta con cuidado, sin hacer ruido, como si Michael pudiera escuchar incluso mis pensamientos.No miro atrás.Mientras camino hacia el auto, la escena de la habitación se repite una y otra vez. Michael con la mirada turbia, el aliento cargado de alcohol, las respuestas vagas. Presiones, dijo. Decisiones. Palabras grandes para esconder algo pequeño… o algo enorme. Y esa forma suya de mirar el teléfono, como esperando que alguien apareciera para salvarlo de la conversación.Aprieto el volante al arrancar.No soy ingenua. Nunca lo fui. Aprendí hace años a leer los silencios, a escuchar lo que no se dice. Y hoy, por primera vez en mucho tiempo, siento esa punzada conocida, ese aviso interno q
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