19.
SARA
Llego a casa como si me hubiera perseguido algo.
Cierro la puerta de un golpe que resuena demasiado fuerte en el silencio del living y apoyo la espalda contra la madera apenas un segundo, el tiempo justo antes de que el aire me falte. Me llevo las manos a la cara y recién ahí, cuando ya no estoy sosteniéndome para nadie, el llanto sale sin permiso. No es elegante ni silencioso. Es roto, desordenado, agotado.
Me dejo caer al suelo.
El hospital todavía está en mi cabeza: el olor, la pal