14.
SARA
Cierro la puerta de casa con más fuerza de la necesaria. El sonido seco retumba en el recibidor y se apaga rápido, como si la casa misma absorbiera cualquier exceso de emoción. Me quedo un momento con la mano apoyada en la madera, respirando hondo, tratando de ordenar el nudo que llevo en el pecho desde el almuerzo. Desde la mirada de Laura. Desde las palabras que no quiso decirme y las que sí.
La casa está impecable. Demasiado.
Dejo el bolso sobre la consola y me quito los zapatos sin cuidado. Camino descalza sobre el piso frío del living, sintiendo cómo cada paso me devuelve a una rutina que hoy me resulta ajena. Todo está donde siempre. El sillón, los cuadros, las plantas que riego con una constancia casi obsesiva. Es el escenario de una vida estable… y sin embargo, algo no encaja.
Empiezo por el escritorio.
No es una decisión consciente, es un impulso. Enciendo la computadora de Michael con manos que no tiemblan. No todavía. La pantalla se ilumina y me recibe su fondo d