MichaelLlego a casa con una determinación tensa, incómoda, que me ha acompañado todo el camino. He ensayado mentalmente lo que voy a decir, las palabras exactas para trazar un límite, para pedir una conversación seria, definitiva. No una pelea más. Una verdad.Aparco el coche y, por un instante, todo parece normal. Demasiado normal.Abro la puerta.El silencio me golpea primero. No es el silencio habitual de la casa cuando Sara está descansando o leyendo en alguna habitación. Es otro. Uno espeso, cargado, como si algo hubiera pasado y el aire aún no se hubiera acomodado.Doy un paso adentro… y lo veo.El living está destrozado.Me quedo inmóvil, con la mano todavía apoyada en la puerta. Hay vidrios en el suelo, libros desparramados, un portarretratos hecho trizas contra la pared. El corazón se me acelera de inmediato, violento, descontrolado.—¿Sara? —llamo, con la voz ya alterada.No hay respuesta.Camino más rápido ahora. Demasiado rápido. Mi mente entra en modo automático, frío, p
Leer más