11.
MICHAEL
La casa está en silencio cuando llego, pero no es un silencio tranquilo. Es uno de esos que pesan, que se te meten debajo de la piel y te obligan a pensar aunque no quieras. Dejo las llaves sobre la mesa sin cuidado, me aflojo la corbata y camino sin rumbo fijo por el living. No prendo la televisión. No reviso el teléfono. Todo eso puede esperar.
Raquel no.
La imagen de su rostro húmedo, de su cuerpo alejándose de mí, vuelve una y otra vez, insistente. No fue solo tristeza lo que vi en