SARA La veo caer.No es lento. No es dramático. Es seco.Un segundo está de pie frente a mí, pálida, intentando sostener una conversación que claramente le queda grande en el estado en que está… y al siguiente su cuerpo se desploma como si alguien hubiera cortado los hilos que la mantenían erguida.—¡Raquel!Ni siquiera pienso. Me agacho de inmediato, pero su cabeza ya ha golpeado suavemente contra el suelo del porche. Sus ojos están cerrados. Demasiado quieta.Escucho pasos apresurados detrás de mí.—¡Mi hija! —grita su madre, empujándome sin intención mientras se arrodilla al otro lado.Sus manos tiemblan al tocarle el rostro.—¿Qué le hiciste? —me dispara de pronto, con los ojos llenos de pánico.La acusación me atraviesa.—¡Nada! —respondo, más alterada de lo que esperaba—. No le hice nada, se desmayó de repente.Mi voz suena defensiva, pero también asustada. Porque es verdad. No hice nada. Y aun así, aquí está, inconsciente en la entrada de mi casa.Mi mirada cae, casi sin quere
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