90.
SARA
La veo caer.
No es lento. No es dramático. Es seco.
Un segundo está de pie frente a mí, pálida, intentando sostener una conversación que claramente le queda grande en el estado en que está… y al siguiente su cuerpo se desploma como si alguien hubiera cortado los hilos que la mantenían erguida.
—¡Raquel!
Ni siquiera pienso. Me agacho de inmediato, pero su cabeza ya ha golpeado suavemente contra el suelo del porche. Sus ojos están cerrados. Demasiado quieta.
Escucho pasos apresurados detrás