RAQUEL El trayecto hasta casa de mi madre se siente más largo de lo que realmente es.No porque el tráfico sea pesado o porque el camino sea complicado, sino porque voy con la sensación de estar escapando de algo que todavía me sigue pegado a la piel. Voy con el pecho apretado, con las manos aferradas a la correa de mi bolso y la maleta pequeña entre mis piernas, como si en cualquier momento pudiera arrepentirme y pedirle al conductor que dé la vuelta. A cada calle que avanzamos, mi estómago se encoge un poco más, no por las náuseas del embarazo, sino por ese dolor silencioso que se instala cuando sabes que has hecho lo correcto… pero aun así te duele como si fuera lo peor que podrías haber hecho.Me paso la palma por el vientre, respirando hondo, intentando sentirlos, intentando recordarme que no estoy sola. Que hay dos corazones latiendo dentro de mí y que, por más que mi vida se sienta como un edificio derrumbándose, ellos siguen ahí, creciendo, existiendo, confiando en mí sin sab
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