De todas las sorpresas que Sienna podía sacarse de la manga, aquella era, sin discusión, la mejor. Fue tan buena que, por un instante, logró arrancarle del pecho el peso de todo lo demás. La angustia por la llamada que no llegaba, la tensión del lanzamiento, la incertidumbre que llevaba respirándole en la nuca desde hacía días… todo se apartó apenas vio a Violette allí, girando sobre la silla con esa sonrisa luminosa que Emma no veía desde hacía demasiado tiempo. —¡Emma! Violette se levantó de un salto, ignorando por completo a los estilistas que protestaron al unísono porque iba a arruinarse el maquillaje, y corrió hacia ella como si los tres años de distancia no existieran. Emma tampoco se detuvo. La recibió en sus brazos con la misma emoción, dando un par de saltitos ridículos y felices que no le importó hacer del
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