Se lo tragó la tierra.
La mirada verde de Mateo se quedó prendida en Sienna apenas murmuró su nombre con aquel apellido en voz tan baja que solo ella pudo escucharlo.
Después la recorrió despacio, de pies a cabeza, con el ceño frunciéndose a medida que registraba el cabello revuelto, la marca rojiza de unos dedos en su mejilla y el vestido azul marino visiblemente rasgado. Luego volvió los ojos hacia Emma y la observó del mismo modo, con esa expresión de quien ya entendió demasiado sin que