Lydia va a declarar.
Una sonrisa amplia se instaló en el rostro de Emma y tuvo que aclararse la garganta para deshacer el nudo que empezaba a formársele por dentro, porque la emoción le estaba ganando de una manera casi vergonzosa.
Sentía el pecho apretado, la respiración un poco temblorosa y esa necesidad absurda de reírse y llorar al mismo tiempo, como si su cuerpo no supiera todavía en cuál de las dos orillas quería caer.
Aquella noticia, después de un día tan