Le tengo muy buenas noticias.
La curiosidad se le quedó latiendo en el pecho a Emma después de escuchar las instrucciones de su madre y, cuando quiso preguntarle de qué se trataba exactamente, la llamada se cortó, dejándole más preguntas que respuestas apretadas en la garganta.
Se quedó inmóvil unos segundos, con el teléfono todavía en la mano y el corazón golpeándole con una fuerza desordenada, como si no supiera si debía quebrarse por la emoción o sostenerse un poco más por puro instinto.