Camarón que se duerme.
De todas las sorpresas que Sienna podía sacarse de la manga, aquella era, sin discusión, la mejor.
Fue tan buena que, por un instante, logró arrancarle del pecho el peso de todo lo demás.
La angustia por la llamada que no llegaba, la tensión del lanzamiento, la incertidumbre que llevaba respirándole en la nuca desde hacía días… todo se apartó apenas vio a Violette allí, girando sobre la silla con esa sonrisa luminosa que Emma no veía desde ha