Orson se detuvo un momento frente a la cocina, respirando hondo mientras sostenía la taza de té entre sus manos. El aroma cálido le envolvía, pero no lograba calmar el torbellino que sentía por dentro.Miró a María, que lo observaba con una mezcla de dulzura y preocupación, y apenas logró sonreír.Ella, con su serenidad habitual, le recordó suavemente que mañana sería el festival de las niñas.—Bien —dijo él, con voz firme, aunque algo tensa—. Mañana estaré ahí para las pequeñas.Orson bebió el té lentamente, intentando que cada sorbo le calmara la mente y el corazón, que latían con fuerza, recordándole la intensidad de los días recientes.Luego, llevó a las niñas a la habitación de Camely. Las pequeñas, al sentir la presencia de su madre, corrieron hacia ella, saltando sobre la cama con risas alegres.Camely las abrazó con fuerza, dejando que su ternura y calidez envolvieran a sus hijas, mientras Orson se quedaba observando desde la puerta, sintiendo un dolor extraño en el pecho y un
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