Zacarías permanecía sentado, inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido a su alrededor. Su mirada estaba fija en un punto invisible frente a él, pero no veía nada.
El mundo seguía girando: voces lejanas, pasos, el murmullo constante de la vida avanzando sin esperarlo.
Sin embargo, dentro de su cabeza reinaba un silencio pesado, opresivo… roto solo por los recuerdos.
Camely. Siempre Camely.
Bastaba con cerrar los ojos para que su presencia lo envolviera con una claridad casi cruel.
La veía c