El mundo no se detiene porque tu vida esté al revés. Lo aprendí en el hospital, lo volví a aprender en la mansión en ruinas, y lo seguía aprendiendo ahora. Las guerras se libran, las traiciones se cocinan a fuego lento, los planes se tejen y destejen, y tu cuerpo sigue siendo tuyo, con sus traiciones silenciosas.Llevaba días sintiéndome rara. No solo el cansancio, que era profundo y óseo, como si el miedo me hubiera robado el calcio de los huesos. Era otra cosa. Un mareo constante, leve pero persistente, como si el piso se balanceara suavemente bajo mis pies. Unas náuseas que venían en oleadas, sobre todo por las mañanas, y que atribuí al estrés, a la mala comida de los últimos días, a la nube tóxica de adrenalina en la que vivíamos.Hasta que un día, en el baño, me quedé mirando el calendario en mi teléfono. Las fechas bailaban delante de mis ojos, negándose a cuadrar. Un vacío frío se abrió en mi estómago, más fuerte que cualquier náusea.No dije nada. No podía. Las palabras se hab
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