Algo cambió en el aire.Lyra lo sintió primero: un estremecimiento suave, como si el valle inhalara después de siglos de contener la respiración.Lucian y Kaelthar lo percibieron también, tensando los músculos.Incluso Alistair levantó la cabeza, como si un murmullo antiguo hubiera rozado sus oídos.Las bestias del valle —aún arrodilladas, aún temblorosas— comenzaron a moverse.No para atacar.No para huir.Se miraron unas a otras, inclinando sus cabezas enormes, como si compartieran un pensamiento.Un zumbido profundo emanó de ellas, vibrando en el aire, en la tierra, en los huesos de todos los presentes.Era como escuchar una conversación secreta.Una deliberación.Un juicio.Y entonces, sin previo aviso, comenzaron a tararear.Un cántico.Un lamento.Un ruego.Un sonido tan antiguo que parecía anterior al lenguaje.Un ritmo extraño, irregular, pero lleno de propósito.Miraban hacia la Luna mientras lo hacían, como si la estuvieran llamando.El valle entero vibró.Era solemne.Era s
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