La mujer seguía de pie con dificultad, apoyada en el hombre que había corrido a socorrerla.Él, sin embargo, no apartaba la mirada de Lyra.Sus ojos ardían.—¿Qué le hiciste, maldita bruja? —escupió, con la voz quebrada entre miedo y furia—.¡¿Qué le hiciste?!Lyra no respondió.Ni siquiera lo miró.Su atención seguía fija en la mujer… y en el pequeño espíritu lobo que ahora se enroscaba alrededor de sus piernas como un cachorro protector, vibrando con una energía nueva, pura, casi sagrada.La mujer parpadeó varias veces, confundida.—Hay… hay una voz —susurró, llevándose una mano al pecho—.Una voz en mi cabeza.El hombre la sostuvo más fuerte.—Estás delirando. No le hagas caso. Esa mujer te hizo algo.Pero la mujer negó suavemente.—No… no es eso.Dice… dice que se llama Yluel.El nombre flotó en el aire como un susurro sagrado.El espíritu lobo levantó la cabeza, orgulloso, como si confirmara su propia existencia.La mujer continuó, con la voz temblorosa:—Yluel dice… que no es di
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