El espejo siguiente se encendió con un estallido violento, como si el valle recordara una herida que aún ardía.Lyra sintió que el aire se volvía pesado, cargado de un dolor antiguo que parecía filtrarse en sus huesos.Batallas.Sangre.Aullidos.La visión la arrojó al centro de un campo devastado.El cielo estaba teñido de rojo, como si la Luna hubiera llorado fuego sobre la tierra.Daryon —ya hecho un monstruo, irreconocible, con venas rojas brillando como lava viva— tomando almas de la descendencia de Kaelys, que se convertían en otro eslabón de la cadena.Cada grito parecía desgarrar el mundo.Lyra retrocedió instintivamente.—“Así fue su reinado” —susurró Kaelys, con una tristeza que parecía infinita—.“Un reino de hambre… y de muerte.”Theryon apareció entre la bruma, espada en mano, cubierto de heridas, pero firme, como un faro en medio del caos.A su lado, Aelyra, con la luz plateada ardiendo en sus ojos, luchaba como si cada movimiento fuera un rezo desesperado, una súplica s
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