La visión se desvaneció como humo arrancado por un viento helado.
Lucian parpadeó, aturdido, sintiendo que el mundo volvía a formarse a su alrededor.
Luvian cayó a su lado, tambaleándose, con las orejas bajas y los ojos muy abiertos.
—¿Lucian…? —susurró el cachorro, todavía temblando.
Pero Lucian no respondió.
Tenía la mirada fija en el vacío, como si aún viera el rostro de Kaelthar niño…
como si aún escuchara su llanto…
como si aún sintiera el peso de la verdad que acababa de caer sobre él.
La