Cuando la explosión de luz disminuyó, Lyra pudo ver una serie de vacíos como espejos que se formaban en fila a la izquierda y a la derecha del sendero, como heraldos vigilantes de una historia jamás contada.Cada uno pulsaba con un brillo tenue, como si respiraran, como si esperaran ser tocados por la memoria.Kaelys, a su lado, parecía un manojo de miedo y rencor. Sus hombros temblaban, y los hilos de plata que caían de sus ojos brillaban como heridas abiertas que jamás habían terminado de cerrar.—¿Por qué me torturas? —dijo con voz entrecortada, mirando a la nada—. ¿Es que acaso no fue suficiente haberlo vivido?—Tú me reclamas, hermana —respondió la voz del Guardián, resonando desde todas partes, como si el valle entero hablara—, pero nadie entiende las tempestades que se forman del aleteo de las mariposas.Kaelys desvió la mirada, como si quisiera esconderse de sí misma, como si temiera que incluso la oscuridad la juzgara.—De haberlo sabido, hubiera arrancado mis alas desde el i
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