POV: Catalina
Las puertas del ascensor se abrieron en la planta baja.
El aire acondicionado del lobby era tan frío como el corazón de mi marido.
Pero al cruzar las puertas giratorias automáticas, el calor de Dubái me golpeó.
No fue una caricia. Fue una bofetada.
Cuarenta grados a la sombra. Un aire denso, cargado de arena invisible y humedad del Golfo.
Mis pulmones se llenaron de ese aire pesado.
Y, por un segundo, cerré los ojos.
La oscuridad trajo un recuerdo.
No. No un recuerdo.
Un viaje en