El ramo de rosas rojas que Alejandro tenia en sus manos, seguía suspendido en el aire, era una especie de perdón que nada ni nadie pidió, mucho menos Valentina.Alejandro lo sostenía con esa seguridad casi arrogante que Valentina recordaba demasiado bien. La misma que usaba cuando quería que el mundo se inclinara a su voluntad, como si el tiempo no hubiera pasado, como si las heridas que dejó pudieran cerrarse con un simple gesto, como fuera tan sencillo olvidar el pasado así nada mas.— Valentina… —dijo, bajando la voz hasta convertirla en una suplica. — Sé que no fue la mejor forma de volver, pero tenía que verte... Tenía que hablar contigo una vez mas... Tenia que hacerlo... Si no, jamas me lo perdonaría.Ella no respondió de inmediato, sus ojos estaban fijos en las rosas. En los pétalos perfectos, casi irreales. Por un instante, solo un instante, dudó... Porque aunque doliera admitirlo, hubo algo real entre ellos, y ella lo sabe.Momentos robados en los que se había sentido desead
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