cosas que no se olvidan.
El archivo llegó sin aviso.
Solo una vibración breve en el teléfono.
Una notificación sin nombre.
Dante estaba sentado en el borde del escritorio cuando lo sintió. No en el sofá, no recostado. En el borde, con los codos sobre las rodillas, como si alguna parte de él ya supiera que necesitaba estar despierto para lo que venía.
Lo miró.
El teléfono. La pantalla encendida. El ícono de un archivo sin remitente claro.
Midió.
No era la primera vez que alguien le mandaba algo así. Sin nombre. Si